Ocho apellidos vascos: una antología de tópicos

Helena Núñez Guasch

La película de Emilio Martínez-Lázaro, Ocho apellidos vascos se ha convertido en el fin de semana de su estreno en la película más vista en las salas españolas en lo que va de año. Además solo hay otro título español que en los dos últimos años haya tenido un arranque tan potente y esa fue Lo imposible, de Juan Antonio Bayona, que en 2012 logró 8,9 millones de euros. El filme protagonizado por Claro Lago, Dani Rovira, Carmen Machi y Karra Elejalde se ha estrenado en 320 cines y 400 pantallas, y logra un promedio de 7.075 por pantalla.

¿Pero qué es lo que tiene esta película? Rafa es un joven señorito andaluz que no ha tenido que salir jamás de su Sevilla natal para conseguir lo único que le importa en la vida: el fino, la gomina, el Betis y las mujeres. Todo cambia cuando conoce a la primera mujer que se resiste a sus encantos Amaia, una chica vasca. Decidido a conquistarla, se traslada a un pueblo de “las Vascongadas”, donde se hace pasar por vasco para conseguir que le haga caso. Adopta el nombre de Antxon, seguido de varios apellidos vascos: Arguiñano, Igartiburu, Erentxun, Gabilondo, Urdangarín, Otegi, Zubizarreta y… Clemente.

A partir de ese momento, se desatan una serie de acontecimientos que llegan a rozar el despropósito y que finalmente se desenlaza todo de la manera más ñoña y previsible posible. Ocho apellidos vascos no es una gran película, ni tan siquiera buena, pero hay que decir que todo aquel que quiera pasar un buen rato y no le importe que el guión esté basados en topicazos, conseguirá reirse continuamente durante hora y media.

Hemos de decir que de entre todos los actores, destaca sobre todos Dani Rovira, a pesar de que su carrera como actor es más bien escasa, es el que mejor cumple las expectativas de todo el elenco, pasando de un sevillano prototípico a un vasco, y consiguiedo (aunque de una manera un tanto exagerada) un buen acento vasco. No fue tan brillante la actuación de Clara Lago, que en muchos momentos rozaba el histericismo y locura, incluso llegando a parecer “basta” cuando realmente no debía serlo.

Muy remarcable de esta producción es un abientación, atrezzo y escenografía, habiendo llevado a cabo un trabajo muy minucioso y obteniendo unos resultados muy logrados. Todo estaba donde debía estar y era como debía de ser, no había nada de más ni de menos.

En resumen, Ocho apellidos vascos acaba siendo la típica película de domingo por la tarde, de la que no se puede esperar ni una gran historia ni grandes diálogos, tan solo si tienes paciencia y un sentido del humor poco exquisito, podrás reir a carcajada limpia durante toda la película. Todo hay que decirlo, y es que con la que está cayendo, el público necesita evadirse de la triste realidad, pero no se yo si tiene que ser a base de un humor tan típico (y tópico) y tratando temas tan escabrosos como el del terrorismo como si fueran el chiste más gracioso del mundo.

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