Adiós al maquinista de la transición española

A poco más de 48 horas del anuncio de una muerte “inminente”, Adolfo Suárez fallecía a los 81 años a causa de una enfermedad que borró sus recuerdos, el Alzheimer, y ante la que ha perdido la partida que mantenía desde hace 11 años. Rodeado de sus familiares y amigos la vida del ex presidente del gobierno se apagaba a las 15:03 en la habitación del hospital Cemtro de Madrid, en el que ingreso hace dos semanas por una neumonía, rodeado de su familia y sin perder ni la sonrisa ni su «mirada picarona».

UNA VIDA POLÍTICA:

Adolfo Suárez González nació en Cebreros, Ávila, en 1932.  Su vida estuvo ligada desde muy pronto a la política. Nombrado gobernador civil de Segovia en 1968, posteriormente, entre 1970 y 1973 fue designado director general de Radio Televisión Española. Fue el coraje hecho persona y el más firme defensor de los valores del diálogo y del consenso. Pero por encima de todo, Adolfo Suárez González entra en la Historia por dirigir un auténtico cambio desde una dictadura hasta la democracia constitucional en solo dos años y medio desde que fuese nombrado presidente del Gobierno en 1976 por el Rey, luchando contra los esfuerzos para impedirlo de la extrema derecha y del terrorismo de ETA y del GRAPO.

Consciente de la necesidad de creación de un ambiente político caracterizado por la variedad ideológica saca a delante la Ley de la Reforma Política, gracias a la cual se legalizaron los partidos de izquierda, como el Partido Comunista el 9 de Abril de 1977. Por esta de decisión recibió críticas tanto del Ejército como de los sectores más conservadores.

Sería el 4 de julio del 77 cuando gana las primeras elecciones democráticas desde 1936 con el partido UCD. En la campaña de ese año pronuncia la famosa frase ‘Puedo prometer y prometo’ que supuso un empujón para sus posibilidades como candidato.

Frente a la grave situación por la que pasaba España en esos momentos, Suárez  saca adelante el 27 Octubre 1977 los Pactos de la Moncloa. Pactos que contaron con el apoyo de las principales formaciones políticas, asociaciones empresariales y el sindicato Comisiones Obreras para tratar de hacer frente a la crisis económica y dar estabilidad a la reciente democracia.

Una de las labores de este primer gobierno democrático fue el aprobar la Constitución, que finalmente tras un extenso trabajo de diálogo entre las distintas fuerzas políticas, fue aprobada por el Congreso en octubre de 1978. Sometida a referéndum, fue ratificada por el 87,78% de la población en diciembre de ese año.

Su segunda legislatura como presidente del gobierno (6 Abril 1979 — 29 Enero 1981) estuvo marcada por las críticas y el ascenso de los partidos de izquierdas. Fue la etapa más difícil de su Gobierno, asediado por el terrorismo, la inflación y el creciente desempleo, una descentralización del poder del Estado que dio lugar a las autonomías y con una crisis ideológica en el seno de su propio partido.

Las duras críticas a su gestión, la crisis interna de UCD y la falta de apoyos sociales llevaron a Suárez a dimitir el 29 de enero de 1981. La frase “Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia. Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España cobraría dimensión cuando, tres semanas después, el 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Antonio Tejero entró en el Congreso de los Diputados con varias decenas de guardias civiles mientras se votaba la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno. Momento en el que Adolfo Suárez demostró su valentía y su apoyo a la joven democracia española al mantenerse sentado en su escaño, al igual que Carrillo y el teniente Gutiérrez Mellado, mientras que el resto de los presentes se escondían como podían debajo de sus asientos, y con la intención de frenar el golpe de Tejero con un “¡Explique qué locura es esta!”.

Su diseñó del espacio político del centro, ha sido disputado por los dos grandes partidos del país, PSOE y PP desde la disolución de UCD. Pero llegar a sus logros es difícil  “Ganamos la libertad de expresión. Legalicé los partidos políticos. Se necesitaba el máximo nivel de comunicación. El proceso tuvo muchas dificultades. Hubo asesinatos y atentados. Y, sin embargo, logramos crear una situación impensable unos años antes. Creo que fue sobre todo un período de mucho sentido común”. Sentido común, que visto lo visto, actualmente brilla por su ausencia.

El ex presidente del Gobierno posee múltiples condecoraciones por su labor política, como la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Gran Cruz de Carlos III y el Collar de la Insigne orden del Toisón de Oro (la orden dinástica de mayor prestigio del mundo, que le fue entregado por los Reyes). Pero el mayor reconocimiento a su labor llegó el 13 de Septiembre de 1996 con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por su importante contribución a la Transición Española a la democracia.  También recibió numerosos homenajes en vida, el último de ellos el 8 de mayo de 2012 en el Congreso de los Diputados.

UNA FAMILIA MARCADA POR LA ENFERMEDAD:

La enfermedad y la muerte visitaron quizás en demasiadas ocasiones a la familia Suárez. Amparo Illana, esposa del ex presidente, murió en 2001 tras una larga batalla contra el cáncer. Tres años después, también su hija Mariam Suárez acabó perdiendo la guerra que libraba desde hacía 11 años contra la misma enfermedad. Y sus otras dos hijas, Sonsoles y Laura, también sufrieron dicha enfermedad.

Estos dos golpes marcaron el inicio de una enfermedad que le provocaría olvidar el dolor de la perdida pero también quien fue.  Esa enfermedad era el Alzhéimer. Mal que no le permitía ni siquiera recordar que haber sido Presidente del Gobierno y no reconocía a nadie, respondiendo únicamente a estímulos afectivos. La enfermedad pronto hizo que, además de la memoria, Suárez perdiera la capacidad de hablar. “Lo intenta, balbucea, a veces consigue articular una palabra o una frase no siempre con sentido y algunos amigos muy íntimos creen o quieren creer que les reconoce, que se alegra de verlos, pero van espaciando las visitas”, contaba en 2005 el periodista José García Abad, autor de “Suárez, una tragedia griega”. Ya entonces el duque de Suárez apenas podía moverse. Su hija Laura es la que se ha ocupado principalmente de él estos últimos años. Pero la enfermedad pudo con él.

ORGULLO:

Suárez nunca se pudo quitar la etiqueta de “franquista”, puesta por unos, y de “traidor”, impuesta por otros. Expresiones que, bajo mi punto de vista, no hacen justicia a la figura de uno de los hombres que consiguió un cambio político de forma pacífica (cosa que es rara en este país).

Su persona simboliza para muchos la figura del verdadero político. Figura que se basa en el bien para el pueblo y no para uno mismo; en la lucha por el bienestar y el progreso de su país; con la prioridad y la conciencia de saber quién eres y lo que representas, por qué ¿Quién mantendría su postura inmunemente ante un atentado contra el poder del pueblo? Pero sobre todo con la modestia que mostro Suárez cuando le preguntaron por su actitud ante el 23F, “¿Valiente? ¿Por qué? Yo representaba al Estado. ¿Cómo me iba a tirar al suelo?”.

Siento como con el fallecimiento de Suárez se van los valores de esta democracia. Valores que están en tela de juicio como se pudo demostrar ayer con las marchas por la dignidad.

Pero no solo se pierden valores, se pierde el icono y modelo de muchos. Modelo basado en diálogo y consenso, en saber renunciar a un puesto por el bien de tu pueblo. A lo largo de este fin de semana hemos estado escuchando mensajes de honra hacia la persona de Suárez. Mensajes en su mayoría marcados por la hipocresía de limitarse a leer un papel; y mensajes marcados por una sincera tristeza, como las palabras del Rey. Pero los verdaderos sentimientos son los que han marcado este fin de semana entre el pueblo español ante la inesperada e inminente noticia del ocaso de su vida.

Suárez, este donde estés, seguro que los recuerdos volverán a ti. Serás consciente del legado que dejas, de todo lo que has hecho por un país llamado España. Espero que por fin se te haga justicia y ocupes el lugar que te corresponde en la historia. Un lugar que solo alguien como tú puede ocupar. Pero sobretodo que te sientas orgulloso de quien has sido, de lo que has significado,… Tan orgulloso como se siente esta abulense de escribir estas líneas (a pesar de la tristeza que conlleva tu perdida) y de saber que el mejor presidente de la democracia española y el artífice de las libertades era su paisano. Pero sobretodo, deseo que el renacer de tus recuerdos este inundado por el reencuentro con tu mujer e hija.

Y es que tu vida se ha apagado, pero tu luz seguirá iluminando la historia de España para siempre; marcando el camino que muchos deben seguir.

Un beso al cielo. Descansa en paz PRESIDENTE.

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2 comments

  1. Me encanta este articulo, sobre un abulense mas que ilustre, y no estaria mal que se le pudieses hacer llegar a la familia, para que se vea que la gente joven tambien sabe lo que fue este gran presidente y el mejor de la historia.

    Enhorabuena por este articulo.

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